sábado, noviembre 23, 2013

El Eje Chimbote - Londres - New Hampshire


EL EJE CHIMBOTE - LONDRES - NEW HAMPSHIRE

Eduardo, 1994. Aeropuerto Internacional 
Jorge Chávez. Lima, Perú
Año tras año subo y bajo de aviones que cruzan océanos azules y nostalgias variopintas. Tantas veces he partido y he arribado a los aeropuertos Jorge Chávez, Heathrow y Logan que, en forma natural se ha establecido en mi vida el eje Chimbote, Londres, New Hampshire como una trilogía a la que amo sin celos ni sentimientos de culpa. 

Cada uno de estos lugares tiene un significado especial y corresponden a una etapa definida de mi existencia: Chimbote es la cuna y la primavera de mi vida, Londres es la etapa intermedia de la madurez, y New Hampshire es el otoño sereno de la reflexión.

En Chimbote está la casa donde abrí los ojos por primera vez y mi padre cerró los suyos por última vez. Está el mar cuyo oleaje arrulló las noches de mi niñez. También el viejo estadio donde grité a todo pulmón los goles del José Gálvez FBC. Todavía reverbera el eco de las canciones de Los Rumbaney que hicieron de Chimbote una potencia musical. Y en cada rincón pervive el recuerdo del terremoto de 1970, cuyos cuarenta y cinco segundos de duración hizo hombres a los niños de mi generación.

Hace un par de décadas, cuando tomé el primer avión con destino a Londres, mi bola de cristal no me anunció que en tierras británicas nuevos amores aguardaban por mí. Entre los goles del Chelsea y el Arsenal, las estaciones del metro de Baker Street y Notting Hill Gate, las cosas cotidianas del día y la emocionante vida multicultural de la ciudad, sin darme cuenta, se me fue trepando el cariño por esta gran ciudad.

Eduardo, 2013. Big Ben, Londres, Inglaterra
Y este cariño devino entrañable cuando en Londres conocí a mi esposa y también nacería aquí mi única hija. La llegada al mundo de un hijo genera tantos lazos pequeños y grandes con la tierra natal, que no tardé en darme cuenta que mi corazón se había encadenado sin remedio a la capital inglesa. 

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, dice la canción de Rubén Blades. Y un buen día del 2003 resulté mudándome a New Hampshire, USA. Tenía entonces cuarenta y dos años de edad y ya no estaba para experimentos, pero mi esposa tuvo dos buenas razones: Ella, después de vivir tres lustros en Europa quiso regresar a New Hampshire, su tierra natal, y quiso también que nuestra hija crezca en los parajes idílicos del noreste norteamericano.

Si Londres me sedujo con la belleza de sus parques, alamedas y jardines, New Hampshire me conquistó con la exuberancia natural de su flora y fauna, el carnaval de su vida silvestre, la explosión de sus ríos y riachuelos, y un clima dividido a hachazo limpio, cual dramática interpretación de Las Cuatro Estaciones de Vivaldi.

Año tras año en New Hampshire, mientras limpio la maleza de los jardines durante la primavera, soporto el calor abrazador del verano, rastrillo las hojas secas del otoño, y palaneo la nieve del invierno, veo crecer a mi hija, llenarse de canas a mi esposa, y yo voy perdiendo el poco pelo que aún me queda.

Cada vez que trepo a un avión, una parte mía sabe que más que en las manos del piloto estoy en las manos del Creador. Al final de cuentas los aviones son sólo naves de aluminio suspendidas en el aire cual cometas de papel. A treinta mil pies de altura surge el apremio por conversar con Dios, e inevitable también mi mente se desliza a través del eje Chimbote, Londres, New Hampshire. 

Antigua Plazuela 28 de Julio (Hoy Plaza Grau)
Chimbote será siempre algo especial para mí. A pesar de la frustración que me causan sus contrastes: gente de lo mejor con autoridades de deplorable nivel, más progreso material y también más inseguridad, lo cierto es que mi vínculo con este puerto del Pacífico Sur es inquebrantable.

Alguna vez dije que mi relación con Chimbote tiene algo de esos amores dolorosos que traen desazón a nuestras vidas, y sin embargo no podemos dejar de amar. Les decimos adiós una y otra vez, pero terminamos volviendo porque no podemos vivir sin ellas. Así es mi amor por Chimbote.

¿Y cuál es mi lugar favorito de la ciudad? No tengo duda que es la Plazuela 28 de Julio (hoy Plaza Grau). La conexión es emotiva. Durante mi niñez a diario visité este lugar con mi cajón de lustrabotas. Aquí asumí a Grau como mi héroe favorito. En sus bancas dialogué con adultos que leían periódicos de calidad y conversaban sobre temas sociales. En las mismas bancas vi sentadas a chicas vestidas con faldas o vestidos, y empecé a interesarme por sus rodillas. 

Ya he dicho que fue mi esposa la fuerza detrás de la mudanza a New Hampshire. Una década más tarde puedo sentir sus dudas acerca del traslado. No lo ha admitido con todas sus letras, pero sé que anhela volver a Londres. La primera vez que me lo insinuó, “¡ni de a vainas!”, le respondí. A lo mejor yo también quiero lo mismo, pero estoy cansado de mudanzas. La última palabra no está dicha, y lo que tenga que pasar, pasará. 

Río Salmón. Rollinsford, New Hampshire, USA
Quién sabe a dónde irán a parar mis huesos al final. Entretanto seguiré viajando. Mi hija cuenta con tres pasaportes: uno por su padre, otro por su madre, y otro por su propia tierra natal. Estoy seguro que ella heredará la pasión por los viajes y continuará volando por el mundo. “¡Alas y buen viento!”, siempre será mi mensaje. 

Hoy caminé las dos cuadras que separan mi casa del río Salmón, y me senté en una banca solitaria. Sin prisa esperé por el final de la tarde. Pensé en Chimbote, Londres y New Hampshire y los sentí como a un eje que ha conectado mi vida. Reflexioné en los viajes, las mudanzas y tantas otras cosas. Y volví a casa con estas ideas dándome vueltas en la cabeza.

... Luego, empecé a escribirlas con el deseo de verlas publicadas antes del 27 de noviembre, fecha en que cumplo cincuenta y tres años de edad. 

New Hampshire, USA
Noviembre, 2013

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sábado, septiembre 14, 2013

La Escuelita Nº 3151 del Barrio San Isidro


LA ESCUELITA Nº 3151 DEL BARRIO SAN ISIDRO
  (LA ESCUELITA DEL SEÑOR GONZÁLEZ)

1971:Grupo de profesores y padres de familia: Esther Quiñones 
Benites,  Maruja Morales de Ángeles,  Magda González Martell, 
Rómulo Salazar Silva, Eva Carbajal de García,  Felipe González 
Olivera,  Adela  Martell  de  González,   Natividad   Sánchez,   y  
Edita  Ramírez de Asmat (Foto: Cortesía de Ana Asmat Ramírez)


Cuando en 1958, en la ciudad de Chimbote, un puñado de invasores visionarios fundó el barrio Prolongación San Isidro, con buen tino reservaron la mejor ubicación para su local comunal. El lote se situaba en la cuadra catorce de la avenida Aviación, haciendo esquina con el jirón Huáscar.


Hasta 1960 este lugar fue el teatro de operaciones de los fundadores que organizaron el barrio. En 1961 el local se convirtió en la Escuela Fiscal de Varones Nº 3151 y por una década completa fue el palomar de los estudiantes que año a año, como en la letra de la vieja canción de Virgilio Dávila, cual bandada de palomas, regresábamos anhelantes de saber.


Sin embargo, tal parece que desde siempre estuvo escrito que aquel lugar debió ser local comunal, pues en 1971 la escuelita se fusionó con otro centro educativo para formar la Escuela Nº 89007 y se mudó a la urbanización 21 de Abril Zona “B” de Chimbote, permitiendo que el barrio volviera a contar con su antiguo local comunal.

La escuelita fue una construcción de esteras, con el paso de los años el salón grande de la parte frontal mejoró con paredes de ladrillo y techo de eternit, pero el resto siguió igual. Y cuando el terremoto de 1970 destruyó lo poco que pudo devastar, los padres de familia volvieron con sus palos y sus esteras y lo levantaron una vez más.

1959: Grupo de fundadores del Barrio San Isidro posan frente a su 
primer Local Comunal (En 1961 se convirtió en la Escuela Nº 3151)
Fue conocida también como “La Escuelita del Señor González”, por su familiaridad con el fundador y director del plantel, don Felipe González Olivera. Un venerable educador que consagró su vida al magisterio y que perteneció a esa noble generación de maestros nacida en los albores del siglo veinte para alumbrarnos con saber, humildad, elegancia y buenas maneras.

El Señor González nació el primero de mayo de 1917 en Yungay, Ancash. Estudió primaria y secundaria en su tierra natal y educación en la Universidad Nacional de Trujillo. Trabajaba como profesor en la sierra ancashina cuando conoció a su esposa, doña Luz Adela Martell Canchis. En 1954, la pareja y sus tres hijos: Mery, Felipe y Magda se trasladaron de Yungay a Chimbote, y se instalaron en una casa de la sexta cuadra del jirón Espinar.

En 1956 adquirieron una propiedad en la intersección de las avenidas Pardo y Aviación. Entonces él trabajaba en el distrito de Moro. Luego, en 1957 fue trasladado a la Escuela 329 de Chimbote. En 1961 fundó la Escuelita 3151 de mi barrio. Y a fines de la década del sesenta la familia se mudó a su hogar definitivo en el pueblo joven San Francisco de Asís.

1967: Aula de Transición (Primer Grado) 
Nací en 1960 y mis primeros recuerdos del señor González retroceden en el tiempo a cuando yo debo haber tenido unos cinco años de edad. Mi casa quedaba en la cuadra trece de la avenida Aviación y mi padre tenía una tienda de abarrotes. Temprano por las mañanas don Felipe González Olivera caminaba a lo largo de la avenida con dirección a la escuelita. Vestía siempre lo mismo: terno oscuro, camisa blanca y corbata de color. Al pasar frente a mi casa se detenía en nuestra tienda y pedía una botella de cerveza negra marca “Sansón”. Tomaba un vaso, y luego decía: “Me guardan el resto para mi regreso”.

En casa fuimos cuatro hermanos hombres y cuatro mujeres. Todos los varones estudiamos en la Escuelita del Señor González. Roger, mi hermano mayor, empezó la primaria en 1961. A partir de ese año, e inmediatos siguientes, estudiaron ahí muchachos de la época como Guillermo Asmat Banini, Arturo “Gato” Tarazona Villanueva, Enrique Dongo Quiñones, Edwin Campos Espinoza, Andrés Mamerto López, Elías “Cotorra” Peláez Hervias, Teófilo Víctor “Tofi” Alva Castro, Walter “Gringo” Ynguill Collado, “Canuto” Chávez, Ángel Covián Romero, Walter Quiróz Villanueva, “El Burro” Méndez, José Isidro “Piero” Quiróz Contreras, Rosario “Chayo” Milla, Santos González, Ángel González Rojas, José Asmat Rodríguez, José Torres, Genaro Damaso Ramírez, Manuel Montenegro Medina, Jorge “Carbonero” Bautista, Nelson Florencio "Panahuero" Chávez Ortega, Raúl Espinoza Lara, y Alfonso Chacón Yupanqui. Aquí estudiaron sólo hasta el cuarto grado, pues la escuela no tenía quinto ni sexto grado. Mi hermano terminó la primaria en la Escuela Minerva de don Arsenio Vásquez Romero.

1967: Aula de Primer Año (Segundo Grado)
La plana docente de aquellos tiempos estaba formada por Felipe González Olivera, María Céfora Chávez, Gonzalo “Chalo” Gutiérrez Torres, y Walter Razza. En 1966 mi hermano Fernando empezó la primaria y cuatro años más tarde terminó el quinto grado en un aula de reciente creación, pero el sexto grado lo estudió en el centro educativo Elías Aguirre Romero de la urbanización 21 de Abril Zona “A”.

En lo que a mí se refiere, inicié la primaria en 1967 y terminé el quinto grado en 1971, justamente el último año de existencia de la escuelita, y también año en que mi hermano menor Alberto empezó sus estudios. Yo estudié el sexto grado en la Escuela Nº 89007 y Alberto continuó en este mismo centro educativo.

La última plana docente que en 1971 enseñó en la escuelita de mi barrio, estuvo integrada por Felipe González Olivera, Rómulo Baltazar Salazar Silva, Eva Carbajal Mantilla de García, Segundo Fermín Orbegozo Luján, Imelda Castañeda de Carranza, Elcira Giraldo Guzmán, y Alicia Asunción Rodríguez de Alegre.

Mil novecientos setenta y uno fue también el año en que el señor González se jubiló por razones de salud. Fue a mediados del año escolar. Aún conservo en mi mente la imagen de aquel día cuando el plantel en pleno se reunió para darle la despedida. Él vestía terno oscuro, camisa blanca y corbata roja, y pronunció un discurso pausado y cargado de emoción. A su lado, su esposa vestía blusa blanca y de rato en rato lo animaba a sorber un trago de agua. Los niños de 1971 entonamos las canciones del programa con fervor, como entendiendo el significado del momento. La emoción creció aún más cuando cantamos “San Isidro Labrador”, aquel tema compuesto por el mismo señor González en homenaje al barrio. 

2013: Vista actual del Local Comunal del Barrio San 
Isidro (Esquina de la Av. Aviación con el Jr. Huáscar)
Luego del verano de 1972 fuimos al nuevo centro educativo, y un  día de abril los profesores nos organizaron para ir de vuelta a la escuelita y trasladar el mobiliario y material recuperable. Cargábamos por la calle las carpetas e incluso los eternits del techo, cuando apareció un grupo de moradores liderados por la vecina Carmela Cabrera de Rodríguez. Ella increpó a los profesores que para conseguir lo que el barrio tenía había costado lucha y esfuerzo, y acto seguido los corrió a latigazos. A mí alcanzó a decirme: “Estás ayudando a destruir lo que a tu padre, construirlo, hasta cárcel le costó”.

Don Felipe González Olivera falleció el 26 de enero de 1980. En las páginas de Chimbote casi no hay rastros de su existencia. Lo mismo podemos decir de mi escuela. Polvo y olvido cubren parte de nuestra historia, especialmente la de los barrios marginales que fue protagonizada por gente humilde y decente. Este relato busca recordar a este gran educador, a una escuela, y a los niños descalzos que en aquel lugar aprendieron las primeras letras y las primeras lecciones de civismo.

Nunca olvida la paloma... su querido palomar, dice la letra final de la vieja canción de Virgilio Dávila. Y tiene razón.

New Hampshire, USA
Septiembre, 2013

P.D.: En relación a esta misma escuela, el autor tiene publicado el siguiente relato: 1971: LA ESCUELITA Y EL PARTIDO DE DESEMPATE

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sábado, julio 20, 2013

Así Nació mi Barrio



ASÍ NACIÓ MI BARRIO

1959: Grupo de vecinos fundadores posan frente al
primer local comunal del Barrio Prolongación San Isidro

Alejandro y Elsa, mis padres, se casaron en Trujillo en 1955 y en esta misma ciudad nació Roger, el primero de sus ocho hijos. Luego mi papá viajó a Chimbote para probar fortuna con su oficio de panadero, y al poco tiempo mi mamá le dio el alcance. Durante los tres años siguientes vivieron en cuatro lugares diferentes en condición de inquilinos.

El último de estos lugares se ubicaba en la parte antigua del barrio San Isidro. Estando aquí, un día, mi papá salió a la puerta de la calle y vio pasar gente cargando palos y esteras. Regresó en busca de mi mamá, y le dijo: “Parece que están invadiendo por acá cerca”. Era 1958 y para entonces ya tenían tres hijos.

Por aquellos tiempos San Isidro sólo comprendía la parte que empezaba en el pasaje Ramón Castilla, lindero con el barrio 12 de Octubre, y terminaba en la excalle Sáenz Peña (hoy avenida Perú). Un total de tres cuadras con vista a la avenida Aviación, y detrás de ellas un número variable de manzanas de fondo hasta llegar al pasaje San Martín que es el límite del barrio en cuanto a su parte posterior. La avenida se llamaba así porque colindaba con el antiguo campo de aterrizaje que, posteriormente, devino en la urbanización 21 de Abril. 


1958: Alejandro Quevedo Acosta habla en
Chimbote en un mitin de la Federación
Provincial de Barrios
Una noche de aquel 1958 mi papá cargó sus palos y esteras y se unió al grupo invasor. Había cumplido treinta y cinco años de edad, era panadero, ávido lector, y seguidor de Haya de la Torre. La vida lo puso en este trance, y lo asumió con la misma tenacidad que lo acompañó durante toda su existencia. Junto a don Julio Guzmán González, un compañero de ideología, lideraron la invasión desde el principio hasta el final.

Las tierras invadidas se ubicaban a continuación de San Isidro, y pertenecían al comunero Miguel Grimaldo Huaraz Loli. A lo largo de varias semanas los invasores levantaron sus ranchos cinco veces, y sucesivamente fueron incendiados por la policía. La Comunidad Indígena de Chimbote y Coishco denunció penalmente a los líderes Guzmán y Quevedo ante el juez instructor Leoncio Valderrama Herrera por el delito de Usurpación y Daños. Los enjuiciados encargaron su defensa a un joven y brillante abogado que llegaba recién a Chimbote, y que terminó estableciéndose aquí a raíz de este emblemático caso. Su nombre, Cupertino Foronda Macedo.

Cada vez que los invasores eran desalojados, éstos se apostaban en el campo de aterrizaje, en actitud de espera. Entre tanto, por esos mismos tiempos, iban llegando también a este lugar las primeras familias fundadoras de la urbanización 21 de Abril. Después del cuarto intento, la familia Huaraz cercó sus terrenos con alambre de púas y sembró maíz para desvirtuar el argumento de los invasores, según el cual, las tierras eran baldías y abandonadas.

Junto a los líderes Guzmán y Quevedo destacaron también los dirigentes
1959: Plaza Bolivar de Lima, frente al
Congreso  de la  República  del  Perú.
Exigen dación de la Ley de Barriadas:
Sara Sánchez, Dr. Cupertino Foronda  
Macedo, Julio  Guzmán  González  y   
Alejandro Quevedo Acosta
Carmela Cabrera de Rodríguez, Eugenia Guevara de Ugaz, Dagoberto Campos Reyes, y Lino Vargas Panduro.
 Todos ellos planearon el quinto intento de invasión, lo pusieron en marcha, y esta vez ni la policía ni las alambradas pudieron detenerlos. La Comunidad Indígena de Chimbote y Coishco solicitó garantías al Ministerio de Trabajo y Asuntos Indígenas. Éste las brindó a través del subprefecto Héctor “Manco” Valdivia. Es así como Guzmán y Quevedo fueron apresados y detenidos durante cuarenta y cinco días en la entonces cárcel central, ubicada cerca de la Plaza de Armas.

Los invasores resistieron. Los dirigentes del barrio San Isidro “Viejo”, Manuel García Vidal y Anatolio Toledo Campos, apoyaron a sus pares del San Isidro “Nuevo” (llamado entonces Prolongación San Isidro). La Federación Provincial de Barrios, cuyo presidente era justamente don Julio Guzmán González, movilizó a centenares de personas para enfrentar a la policía y exigir la libertad de los dos dirigentes presos. En Lima, Víctor Raúl Haya de la Torre y Ramiro Prialé Prialé coordinaban esfuerzos parlamentarios para aprobar una ley del congreso que solucione la situación de los barrios e invasiones en el país, y también facilitaban ayuda logística para las comisiones barriales enviadas desde Chimbote.

Mientras mi padre estuvo preso, mi madre caminaba todos los días desde San Isidro hasta la cárcel para llevarle su comida. Cargaba en brazos a mi hermana María, y en su vientre a mi hermano Fernando, quien nacería en marzo del año siguiente. El día número cuarenta y cinco de sus visitas, ella hizo el camino de vuelta a San Isidro acompañada de su esposo, quien acababa de ser liberado.

1959: Julio Guzmán González, Manuel García
Vidal, Dr. Cupertino Foronda Macedo, Sara 
Sánchez, y  Alejandro Quevedo Acosta
Mi padre se encargó del plano del nuevo barrio. Con rigor métrico dibujó y organizó cada detalle. Sus únicas herramientas fueron lápiz, papel, una caña y una soga para establecer las medidas y distancias. La exactitud de cada una de sus manzanas da fe de su trabajo. Él determinó también los nombres de algunas calles, así por ejemplo, a la nuestra denominó jirón Unión, en homenaje a la calle Unión de Trujillo donde vivió parte de su vida. 

Los planos del barrio fueron terminados el día 15 de febrero de 1959, un día antes del nacimiento de Julio Víctor “Tobi” Rodríguez Cabrera, quien fue el segundo vecino nacido en el barrio. El primer bebé fue Luis “Cachema” Prieto Ángeles, nacido el 08 de febrero de 1959. Y el tercero fue mi hermano Fernando, cuyo alumbramiento ocurrió el 25 de marzo del mismo año.

El juicio penal fue abandonado por los comuneros luego de encontrarse en segunda instancia en la Corte Superior de Huaraz. Finalmente, en 1961 se expidió la Ley 13517 de Barrios Marginales que legalizó las invasiones a la propiedad pública y privada ocurridas hasta 1960. Esta norma estableció el compromiso público para entregar los títulos de propiedad y apoyar a la consolidación de las viviendas. 

En la parte inicial de este relato decíamos que San Isidro “Viejo” tenía
2011: Jirón Unión del Barrio San Isidro. Esquina
derecha, Flia. Quevedo. Esquina izquierda, Flia.
Guzmán   (Intersección con la avenida Aviación)
tres cuadras con vista a la avenida Aviación. 
Luego, como consecuencia de la invasión aquí reseñada, cuatro nuevas hileras de manzanas se adicionaron al barrio: las que empiezan en la avenida Perú y terminan en el jirón Unión, luego las que van hasta el jirón Huáscar, continúan las que terminan en la calle Leoncio Prado, y finalmente las que concluyen en la calle Benavides, límite mismo con el pueblo joven San Francisco de Asís. Todas ellas enmarcadas por la avenida Aviación en la parte delantera, y el pasaje San Martín en el límite posterior.

Soy el quinto de ocho hermanos y nací en Prolongación San Isidro en 1960. Salí de Chimbote hace varias décadas, pero mis pasos vuelven siempre a la esquina de la avenida Aviación y el jirón Unión donde todo empezó. Hoy, San Isidro es un barrio moderno, con pistas, veredas y edificios de llamativos colores. Mi padre ya no está con nosotros. Mi madre continúa al mando de la casa. Cada vez que viajo a Chimbote visito a los antiguos vecinos, los escucho, y me llena de satisfacción la manera como recuerdan a mi papá.

Buscando información para escribir este relato visité al viejo abogado, escritor y luchador social, don Cupertino Foranda Macedo. Al final de una larga charla en su oficina frente al mar de Chimbote, le pregunté: ¿Cuál es su opinión personal de don Alejandro Quevedo Acosta?

Me respondió: “Fue constante en la lucha, consecuente con la clase que representaba, la gente confiaba en él. Fue magnífico. Fue promovido a la Federación. Elocuente oratoria, sencillo y sano. Era reconocido por dirigentes de otros barrios. Como persona, entregado a su hogar, sano, amigable, respetado y considerado. Su esposa Elsa fue su leal compañera”.

New Hampshire, USA
Julio, 2013

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RELACIÓN DE FUNDADORES DEL BARRIO PROLONGACIÓN SAN ISIDRO:

Julio Guzmán González & Dolores “Lola” Manrique La Madrid
Alejandro Quevedo Acosta & Elsa Serrano Rodríguez
Sofía Carmela Cabrera Chávez & Gonzalo Rodríguez
Eugenia Guevara de Ugaz & Augusto Ugaz Nuñez
Dagoberto Campos Reyes
Raúl Alcalde Linares & Juana Rodríguez Díaz
Isabel Rodríguez Díaz
Rosa Zavaleta
Rosa Marrú
Irene Vásquez 
José Lino Vargas Panduro & Angélica Morales
Etelvina Pérez Pinedo & Jacinto Acosta
Mariana Pérez Pinedo
Modesta Peláez Milla
Amador Maza Polo & Irene de Maza
Felipe Quezada & Juana Maza de Quezada
Luis Prieto González & Narcisa Ángeles
Eulalio Rafaile Lino
Juan Eufemio Cano Roque
Arminda Barreto Rafael
Alejandro Reyes Barreto & Elena Manrique de Reyes
Norma Rojas de La Peña & Jorge La Peña Cáceres
Avelina Bocanegra Aguilar & Andrés Pinedo
Juanita Caballero Cribillero
Amanda Flores de León
Teodoro Paredes
Catalina Paredes Acosta
Cirilo Paredes & Andreíta Pinedo
Wenceslao “Venchi” Castillo Corales
María Eliza Romero Cortez
Zósimo Espíritu Jara.


Nota: Estimado lector, si conoces de algún nombre que deba ser incluido en esta relación, por favor házmelo llegar a mi correo (edquevedo@yahoo.com) junto a una pequeña nota que fundamente tu pedido. Gracias. 

sábado, mayo 11, 2013

Cuatro Casas y dos Promesas


CUATRO CASAS Y DOS PROMESAS

Elsa Serrano & Alejandro Quevedo
Años ‘50   Trujillo-Perú
A mediados del año 2010 mi hermana Nelly se comunicó conmigo desde Chimbote, y me pidió que viajara, mi mamá estaba mal. Llegada la hora de empacar las maletas, mi esposa preguntó: “¿Quieres que ponga un traje oscuro?”.  “No, confío en un milagro”, le respondí.

El milagro se produjo. Y eso me dio la oportunidad para compartir con mi madre varios días “caídos del cielo”. Conversamos bastante sobre nuestro tema favorito: la historia familiar. Ella me confesó que quería ver por última vez las cuatro casas de Chimbote donde la familia vivió en sus comienzos. Y yo le prometí que removería cielo y tierra para encontrarlas.

Tres años antes había regresado a Chimbote por similar motivo, pero en relación con mi padre. Llegué a tiempo y compartí con él sus últimos días. Una vez más me contó su vida, desde que fue un niño en Celendín y le llamaban “Chondo”. Al final de la última conversación, me dijo: “Alguien tiene que escribir la historia de la familia”. Mi respuesta fue: “Yo lo haré, se lo prometo”.

En 1955 mis padres se casaron en Trujillo y nació Roger, el primer hijo. Ese mismo año mi papá viajó a Chimbote para probar fortuna con su oficio de panadero, y se instaló en una habitación de una casa del barrio La Florida. Pasado un mes, no teniendo noticias de mi padre, mi mamá con su madre -mi abuelita Carolina- contrataron un camión, metieron sus pertenencias, cargaron al bebé Roger de tres meses y viajaron en su busca. Es así como la habitación de La Florida resultó siendo la primera morada de mi familia en Chimbote.

Desafortunadamente, hasta ahora no he podido localizar este inmueble. Sé que, yendo de norte a sur, estaba ubicado al lado derecho de la avenida Meiggs, más hacia el comienzo que al final de La Florida. Frente a un edificio que tenía un arco (bien sobre la puerta o sobre el techo) y al cual la gente llamaba “El Sipa”.

Mi mamá recuerda que la dueña de la casa era una señora de nombre Celia, la cual tenía una hija a la que llamaban “Chuca” y que trabajaba en la fábrica pesquera Miramar. A unas tres o cuatro puertas de la señora Celia quedaba la panadería del señor Pedro Díaz donde trabajó mi padre, y cuya esposa se llamaba Rita. Esta señora era curandera de la vista. En la parte exterior de la panadería había una tiendita que era atendida por la hija de doña Rita.

Los años 2010 y 2012, estando en Chimbote, subí en un carro con mi mamá y algunos amigos, y por muchas horas buscamos y buscamos esta casa sin poder encontrarla. Sin embargo, fuimos mas afortunados con los otros tres inmuebles.

De La Florida mis padres se mudaron a un cuarto alquilado en un lugar que mi
Casa Nº 2 (Color celeste) Foto: Agosto, 2010
Jirón Libertad, Barrio Miramar Bajo
mamá llama “La Cruz Verde”, por su cercanía con una gran cruz de madera color verde erigida frente al mar. La casa estaba ubicada en la primera cuadra del jirón Libertad del barrio Miramar Bajo, perteneció a un señor Adolfo Huidobro Correa, cuyo sobrenombre era “Limón”. Entre los vecinos mi mamá recuerda a la señora Ninfa Asencio Yupanqui, a la señora Zoila, y a un pescador de apellido Chihuala.

En la casa de la Cruz Verde, en abril de 1956 nació Nelly, la segunda de los ocho hermanos. Una comadre de mi mamá, doña Lucila “Lucha” Campos de Salcedo, ofició de partera. Aquí vivieron hasta la Navidad de aquel año. 

Luego la familia se mudó a una casa ubicada a una cuadra de la anterior, dentro del mismo barrio Miramar Bajo. Esta vivienda era más espaciosa. Mi papá continúo trabajando en la panadería de La Florida, su línea principal era la pastelería, aunque también hacía pan y panetones para la Navidad. Con su canasta recorría las calles de Chimbote vendiendo sus productos. Y mi mamá hacía lo mismo.

Casa Nº 3  Foto: Agosto, 2010 
Jirón Trujillo, Barrio Miramar Bajo
Mientras vivían en esta casa Roger se enfermó de “susto”. Ocurrió así: El dueño de la casa tenía pollos y un chivo. Un día el chivo metió la cabeza atravesando una estera de totora, Roger se encontraba al otro lado de la misma, el chivo baló y lo asustó. Roger empezó a perder peso, ya no jugaba y todos pensaron que se estaba muriendo. La gente dijo que era “susto”.

La dueña de la casa sostuvo que se necesitaba un pedazo de cresta de gallo para que pudiera ser curado. Y mencionó también que en la vecindad había una señora que criaba gallos. Mi madre fue a ver a esta mujer. Su nombre era Claudia Vega Solórzano de Rojas. A partir de entonces y para siempre mi mamá la llamaría: “La Comadre Rojas”.  Ella prestó el gallo que se requería y Roger fue curado. Entre ambas mujeres nació una gran amistad, la Comadre Rojas cuidó de Roger y Nelly cuando mi mamá salía a vender con su canasta.

Esta tercera casa estuvo ubicada en el jirón Trujillo Nº 294. Perteneció a doña Zoila Maximina Pérez Villanueva. Y aquí, en noviembre de 1957 nació María, la tercera de los ocho hermanos. La comadre Lucila “Lucha” Campos de Salcedo volvió a oficiar de partera.

Posteriormente la familia alquiló una casa ubicada en  la calle Ramón Castilla Nº
Casa Nº 4  Foto: Agosto, 2010 
Calle Ramón Castilla, Barrio San Isidro
214 del barrio San Isidro “Viejo” (lo llamo así para diferenciarlo del San Isidro “Nuevo” fundado en 1958). Esta propiedad perteneció a un señor arequipeño de apellido Fernández que vivía en el jirón Olaya, y quedaba a seis puertas de la vivienda de don Anatolio Toledo Campos, quien tuvo un hijo que con el correr de los años llegaría a ser presidente de la república del Perú.

Estando en esta cuarta casa, un día, mi papá salió a la puerta de la calle, y vio pasar gente cargando palos y esteras. Regresó en busca de mi mamá, y le dijo: “Parece que están invadiendo por acá cerca”. Aquello fue el punto de partida de lo que poco después sería la quinta y definitiva casa de la familia, cuyo relato será motivo de una próxima entrega.

Volviendo a la inubicable primera casa del barrio La Florida, contaré que hace poco me escribió un amigo de Chimbote y me dijo que, al parecer, el “SIPA” habría sido una oficina pública cuyas siglas significaron “Servicio de Investigación y Promoción Agraria”, y que habría estado ubicada en la avenida Meiggs Nº 1455.

Empecé este relato mencionando un milagro. Y quisiera terminarlo abrigando la posibilidad de otro. Necesito ubicar la casa de La Florida. No sé cuánto tiempo tengo para encontrarla, pero guardo la esperanza que alguien en Chimbote leerá este relato, unirá los cabos sueltos, y me dirá: “¡Yo conozco la casa!”. 

Entonces y sólo entonces, podré cerrar el círculo de una de mis promesas.

New Hampshire, USA
Mayo, 2013

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Four Houses and Two Promises

 

FOUR HOUSES AND TWO PROMISES

Elsa Serrano & Alejandro Quevedo

1950s — Trujillo, Peru


In mid-2010, my sister Nelly contacted me from Chimbote to ask me to travel; my mother was doing poorly. When the time came to pack my bags, my wife asked, “Do you want me to put in a dark suit?” “No, I’m trusting in a miracle,” I replied.


The miracle happened. And it gave me the chance to share several days with my mother that felt like they had fallen from heaven. We talked quite a bit about our favorite subject: family history. She told me she wanted to see, one last time, the four houses in Chimbote where the family lived in its early days. And I promised her that I would move heaven and earth to find them.


Three years earlier, I had returned to Chimbote for a similar reason, but regarding my father. I arrived in time and shared his final days with him. He retold the story of his life, from his boyhood in Celendín when everyone called him “Chondo.” At the end of our last conversation, he told me: “Someone has to write the family history.” My answer was: “I will do it, I promise you.”


In 1955, my parents were married in Trujillo, and Roger, the first son, was born. That same year, my father traveled to Chimbote to try his luck with his trade as a baker, and he settled in a room in a house in the La Florida Barrio. After a month passed with no news from my father, my mother and her mother—my grandmother Carolina—hired a truck, loaded their belongings, picked up three-month-old baby Roger, and traveled in search of him. That is how the room in La Florida became my family’s first dwelling in Chimbote.


Sadly, I haven’t been able to find this house to this day. I know that, heading north to south, it was located on the right side of Meiggs Avenue, closer to the beginning than the end of La Florida. It was across from a building that had an arch (either over the door or on the roof) which people called “El Sipa.”


My mother remembers that the owner of the house was a lady named Celia, who had a daughter nicknamed “Chuca” working at the Miramar fish factory. Three or four doors down from Mrs. Celia’s was Mr. Pedro Díaz’s bakery where my father worked; his wife was named Rita. This lady healed eye ailments. Outside the bakery, there was a small shop run by Doña Rita’s daughter.


In 2010 and 2012, while in Chimbote, I got into a car with my mother and some friends, and for many hours we searched and searched for this house without being able to find it. However, we were luckier with the other three properties.


From La Florida, my parents moved to a rented room in a place my mother calls “La Cruz Verde” (The Green Cross), named for its proximity to a large green wooden cross erected facing the sea. The house was located on the first block of Libertad Street in the Miramar Bajo Barrio; it belonged to a Mr. Adolfo Huidobro Correa, whose nickname was “Limón” (Lemon). Among the neighbors, my mother remembers Mrs. Ninfa Asencio Yupanqui, Mrs. Zoila, and a fisherman named Chihuala.

In the house at La Cruz Verde, in April 1956, Nelly—the second of the eight siblings—was born. A comadre of my mother’s, Doña Lucila “Lucha” Campos de Salcedo, acted as the midwife. They lived there until Christmas of that year.


Then the family moved to a house located one block from the previous one, within the same Miramar Bajo Barrio. This house was more spacious. My father continued working at the bakery in La Florida; he specialized in pastries, though he also made bread and panetones for Christmas. He would go through the streets of Chimbote with his basket, selling his baked goods. And my mother did the same.


While they lived in this house, Roger got sick from “susto” (fright). It happened like this: the landlady had chickens and a goat. One day, the goat poked its head through a woven cattail mat; Roger was on the other side of it, the goat bleated and scared him. Roger began to lose weight, he no longer played, and everyone thought he was dying. People said it was “susto.”


The landlady claimed that a piece of a rooster's comb was needed to cure him. She also mentioned that in the neighborhood there was a lady who raised roosters. My mother went to see this woman. Her name was Claudia Vega Solórzano de Rojas. From then on and forever after, my mother would call her: “La Comadre Rojas.” She lent the required rooster, and Roger was cured. A great friendship was born between the two women; Comadre Rojas looked after Roger and Nelly when my mother went out to sell with her basket.

This third house was located at Trujillo Street No. 294. It belonged to Doña Zoila Maximina Pérez Villanueva. And here, in November 1957, María—the third of the eight siblings—was born. Comadre Lucila “Lucha” Campos de Salcedo once again acted as the midwife.


Later, the family rented a house at Ramón Castilla Street No. 214 in “Old” San Isidro (I call it that to tell it apart from the “New” San Isidro founded in 1958). This property belonged to a man from Arequipa named Fernández who lived on Olaya Street; it was six doors down from the home of Don Anatolio Toledo Campos, one of whose sons would, years later, become the President of Peru.


While in this fourth house, one day, my father stepped out to the front door and saw people passing by carrying eucalyptus poles, woven reed and cattail mats. He went back to find my mother and said, “Looks like an invasion is starting nearby.” That was the starting point for what would soon become the family’s fifth and permanent home—a story that will be the subject of a future entry.


Going back to that first, lost house in the La Florida Barrio, I will share that a friend from Chimbote recently wrote to me; he said that, apparently, the “SIPA” might have been a public office whose acronym stood for “Agricultural Research and Promotion Service,” and that it might have been located at Meiggs Avenue No. 1455.


I began this story by mentioning a miracle. And I would like to end it by cherishing the possibility of another. I need to find the house in La Florida. I don’t know how much time I have to find it, but I hold onto the hope that someone in Chimbote will read this story, connect the dots, and tell me: “I know that house!”


Only then, and only then, will I be able to close the circle of one of my promises.


New Hampshire, USA

May 2013



House No. 2 (Light blue) — August 2010

Libertad Street, Miramar Bajo Barrio


House No. 3 — August 2010

Trujillo Street, Miramar Bajo Barrio


House No. 4 — August 2010

Ramón Castilla Street, San Isidro Barrio



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