viernes, noviembre 03, 2023

El Árbol de mis Confesiones

 EL ÁRBOL DE MIS CONFESIONES

Eduardo frente al árbol de sus

Confesiones. Octubre del 2023


A eso de las dos de la tarde Josh terminó su trabajo. Subió al camión grúa equipado con una cesta para labores en altura que había usado para cortar el árbol, y se marchó. Durante la jornada su hermano y su cuñada se encargaron de limpiar los troncos grandes y las ramas menores de la tala. Cuando en aquel sábado de otoño la faena terminó yo me quedé mirando por unos minutos al tocón de veinticinco centímetros de alto que quedó de lo que había sido el árbol de mis confesiones.


A mediados de noviembre del año pasado el árbol parecía estar en buenas condiciones. Se trataba de un arce, y como todos los árboles de hoja caduca había perdido ya su follaje. Era otoño en esta parte del mundo, la vegetación poco a poco se había desnudado y cual bella durmiente ingresaría en sueño profundo a lo largo del invierno.


Los meses invernales de enero, febrero y marzo llegaron y se fueron. Y con abril arribó la primavera. Los árboles esqueléticos empezaron a despertar de su letargo, las ramas se fueron inundando de brotes los cuales se convertirían en las hojas de mayo. Pero mi árbol durmiente no se despertó. O por lo menos no del todo. A las justas como que intentó desperezarse y echó brotes sólo en pequeñas partes de su ramaje. 


Y sobre piedras, palos. Algo inesperado ocurrió en mayo: el día dieciocho hizo tanto frío que batió varios récords climáticos de larga data en New Hampshire. La frígida temperatura afectó árboles, arbustos, plantas, y trajo pérdidas millonarias a los agricultores en New Hampshire. Y es muy posible que ese gélido día le puso la estocada final al árbol de mis confesiones.


Conforme transcurría mayo se fue acentuando mi certeza que algo no andaba bien, pues con excepción de este árbol los demás en la vecindad ya habían empezado a cubrirse de hojas. Se lo hice notar a Terry al tiempo que le pedí considerar la posibilidad de talarlo. Su respuesta fue, “Primero tenemos que hacer todo lo posible por salvarlo”. Las semanas y meses fueron pasando y no pudimos encontrar un experto arbolista para que venga a verlo. Mi esposa se resistía a la idea de derribarlo, pero para mí la suerte ya parecía echada. 


Durante mis trabajos en los jardines de la casa en junio empecé a notar una lluvia de trocitos de corteza bajo el árbol, lo cual era señal de mala salud. Y poco tiempo después empezaron a caer también pedazos de ramas secas. Mi mayor preocupación era el arribo del invierno a fines de diciembre, pues un árbol en mal estado no sobrevive a las tormentas de viento, nieve y hielo típicos de la estación. Y si caía el árbol, destruiría la casa.


En realidad ahora no tengo duda que el árbol ya había estado enfermo desde el año pasado. Pero en su momento no supe ver los síntomas que frente a mis ojos revoloteaban: los pájaros carpinteros. Ocurre que cada mañana oía el incesante martillar de estas aves. E igualmente lo escuchaba hacia el final de la tarde al regresar del trabajo. Picoteaban en diversos árboles pero especialmente en el de mis confesiones. Por esos días a manera de anécdota se lo contaba a mis amigos, pero sin conectar aún los puntos de algo que debió ser más obvio para mí: los pájaros carpinteros prefieren la madera blanda de los árboles enfermos, y encuentran en ellos más insectos y otros organismos para alimentarse que en los árboles saludables.


El debate sobre si el arbolista que queríamos contratar iba a cortar el árbol o intentar curarlo quedó zanjado el 23 de septiembre último. Fue sábado y yo debía llevar mi basura al relleno sanitario del pueblo. Durante las últimas semanas había notado que en una parte del techo se estaba acumulando los desechos que caían del árbol. Así que ese día decidí limpiarlo y hacer un solo viaje al vertedero con toda la basura. Estando arriba algo me sorprendió: una de las ramas había caído como jabalina y perforado una de las tejas de asfalto del techo. Ese día Terry y yo decidimos cortar el árbol.


En octubre del año 2011 inicié el blog Confesiones a un Árbol. En el relato inaugural expliqué el porqué de su nombre. Ahí decía que escribo en un laptop que descansa sobre una pequeña mesa ubicada en el dining room, junto al piano, y contra una ventana que mira hacia una parte de las áreas verdes de la casa. Y mencioné también lo siguiente:


“Durante las madrugadas y parte de mis fines de semana, escribo para diferentes proyectos que tengo en mente. Son horas y horas sentado frente al computador, la mesa, y la ventana. Y como toda persona que escribe sabe muy bien, son también momentos interminables cuando la inspiración, o la palabra o el dato correcto no acuden a la mente. Entonces miro hacia afuera, a través de la ventana.


¿Y qué encuentro?


Un árbol.


Exactamente a cuatro metros de mi ventana se ubica un árbol. De tanto mirarlo hemos devenido en amigos. No es muy diferente de cualquier otra relación de la vida: de tanto compartir el tiempo con alguien al final se deviene en buenos compañeros. Horas de insomnio, horas de abundancia y de falta de inspiración. Horas de mirar al árbol, y de búsqueda de respuestas.” 

 

Josh llegó a las ocho y media de la mañana del sábado 28 de octubre para cortar el árbol. Él es familiar de nuestros vecinos Zack y Kate quienes lo habían recomendado. Se trata de un arbolista profesional con amplia experiencia y gran destreza en su trabajo. La semana había empezado con mucho frío pero mejoró conforme fue avanzando, y el sábado fue de lo mejor: cielo azul, temperatura cálida, y sin vientos fuertes. Un día perfecto para el trabajar al aire libre. La noche anterior yo había ido a la cama con sentimientos encontrados. Aliviado de saber que el árbol ya no iba a ser un peligro, y apenado por la pérdida de su compañía. Me desperté con buen ánimo. Había tanto por hacer que ni tiempo iba a tener para las preocupaciones.


Josh se plantó frente al árbol de 23 metros de altura y 60 años de existencia, lo estudió con cuidado, subió a la cesta de la grúa, desenfundó la motosierra y empezó su trabajo. Primero cortó el ramaje exterior para ganar acceso a las grandes ramas interiores. Según escogía sus cortes la canasta subía o bajaba al tiempo que rotaba alrededor del árbol como en un juego mecánico de feria. Al medio día sólo quedaba la figura de candelabro dibujada por el tronco principal y unos cuantos muñones. Y al cabo de un rato únicamente permanecía de pie un gran tronco de cuatro metros de altura y ochenta centímetros de ancho. Entonces Josh bajó de la grúa y cortó una muesca en ángulo de cuarenta y cinco grados, y un tajo lineal detrás de la misma. El fornido leño trepidó. Acto seguido Josh soltó la motosierra, cogió una cuña y la clavó detrás de la muesca. Y el madero se desplomó sobre un colchón de leña que amortiguó su caída.


Va a a ser extraño mirar a través de la ventana y no ver al árbol de mis confesiones, pero el mundo sigue andando, y la inspiración aún goza de buena salud. Este es sólo el final de un capítulo. Y el comienzo de otro.


New Hampshire, USA

Noviembre, 2023


FOTO 1

Eduardo frente al árbol de sus

Confesiones. Octubre del 2023


FOTO 2

El árbol de las confesiones soporta 

la caída de otro árbol. Mayo del 2010


FOTO 3

Árbol caído sobre la parte frontal 

de la casa. Invierno del 2011


FOTO 4

Tala del árbol de las confesiones (28/10/2023): “Según escogía sus cortes la canasta subía o bajaba al tiempo que rotaba alrededor del árbol como en un juego mecánico de feria”.


FOTO 5

Tala del árbol de las confesiones (28/10/2023): “Al medio día sólo quedaba la figura de candelabro dibujada por el tronco principal y unos cuantos muñones”.


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Tala del árbol del árbol de las confesiones (28/10/2023): “Entonces Josh bajó de la grúa y cortó una muesca en ángulo de cuarenta y cinco grados, y un tajo lineal detrás de la misma”.


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Tala del árbol de las confesiones (28/10/2023): “Y el madero se desplomó sobre un colchón de leña que amortiguó su caída”.


FOTO 8

Tala del árbol de las confesiones (28/10/2023): “Cuando en aquel sábado de otoño la faena terminó yo me quedé mirando por unos minutos al tocón de veinticinco centímetros de alto que quedó de lo que había sido el árbol de mis confesiones”.



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viernes, octubre 13, 2023

Alfredo "Feo" Gonzales

ALFREDO “FEO” GONZALES


Alfredo "Feo" Gonzales
Estadio Nacional de Lima. 1971

Aquel martes 13 de abril de 1971 en el estadio Lolo Fernández de la “U” se jugaba el partido de desempate entre el José Gálvez de Chimbote y Los Diablos Rojos de Chiclín. Era un duelo a muerte, y el marcador se mantenía cero a cero. Faltando un minuto para el pitazo final Alfredo “Feo" Gonzales corrió por la punta izquierda como un endemoniado, cerca al banderín de córner centró una pelota perfecta. En el área trujillana se elevaron para despejar la redonda los centrales Pedro Moreno y Julio Castillo. Alejandro "Casaretto" Luces también saltó. El balón descendía. Había tensión en las tribunas. Luces ganó arriba, y con golpe de cabeza colocó la pelota en el ángulo superior derecho del arco defendido por Juan “Chueco” Barrantes para romper la paridad del marcador. El encuentro terminó, el José Gálvez FBC se clasificó a la Gran Final de la Copa Perú de aquel año.


Ese era el típico juego de Alfredo Gonzales. Era un puntero derecho rápido. Bajaba a la mitad de la cancha para recibir la redonda, la gente en la tribuna lo alentaba “¡Vamos Feo!” Y ya no lo paraba nadie. Igual de efectivo era en la punta izquierda. Picaba la pelota, superaba a medio mundo y la centraba. O también se metía en diagonal al área de candela. Y además era técnico, también entraba dribleando a velocidad y volviendo locos a los defensas.


Había nacido el 28 de marzo de 1945 en el antiguo centro poblado de Tambo Real, distrito de Chimbote. Su padre fue don Amador Gonzales Rosales, iqueño de nacimiento, y operador tractorista del Servicio de Investigación y Promoción Agraria (SIPA). Su madre, doña Cristina Espinoza Salas, natural de Lacramarca, y dedicada a las tareas del hogar.


Alfredo fue parte de un total de nueve hermanos, algunos de los cuales ya no están en este mundo: Daniel (+),Víctor, Raquel (+), Guadalupe, Rosa (+), Flor (+), Ruth, Julio y, desde luego, Alfredo.


Y nueve también es el número de sus hijos: Omar Alfredo, Marlon Yull, Joe Luis, Sandro Amador, Giuliana Teresa, Julia Raquel, Úrsula Cristina, Manuel Spenser, y Ronny Michael. Alfredo y su esposa, doña Teresa Ambrosio Castillo, comparten sus vidas desde 1966. Y, a la fecha, también comparten un total de trece nietos, orgullo de sus vidas y de la familia Gonzales Ambrosio.


Alfredo “Feo” Gonzales llegó al Gálvez para ser campeón. Fue contratado por la franja roja a fines de 1969 y debutó en el campeonato de la liga de Chimbote de 1970. El último partido de esa temporada se jugó el domingo 27 de diciembre del año del terremoto. El José Gálvez derrotó por dos goles a uno al Unión Juventud. Un golazo de “El Feo” a los doce minutos del segundo tiempo definió el encuentro. Ese día El Equipo del Pueblo se coronó Tetracampeón del fútbol chimbotano, en tanto que El Equipo del Zanjón quedó subcampeón.


En su niñez Alfredo Gonzales realizó los estudios primarios en la Escuela de Varones de Tambo Real Antiguo, destacando como un buen estudiante. Su profesora de Transición fue Modesta Pérez; de Primero y Segundo Año, Vita Quiroz; y de Tercero, Cuarto y Quinto, Luis Herrera García. Estudió la secundaria en el Colegio San Pedro de Chimbote durante los años 1961, 62, y 63, cursando los tres primeros años de instrucción media. Por aquellos tiempos varios de los mejores jugadores sampedranos integraban el equipo “San Juan”, fundado por el auxiliar de educación don Manuel Torres Vásquez, y nombrado así en homenaje al santo patrón de su tierra pallasquina. Este cuadro era entrenado por el profesor César Ascona Mazuelos y participaba en la primera división de Chimbote. “El Feo” no formó parte del equipo porque generalmente eran invitados los estudiantes de los últimos años. 


El domingo 14 de marzo de 1971, el José Gálvez debutó en la etapa Regional de la Copa Perú de aquel año enfrentando a Los Diablos Rojos de Chiclín en el Estadio Mansiche de Trujillo. Usualmente los campeones de Chimbote ganaban la departamental pero luego caían ante los cuadros de La Libertad. Pero aquel día la franja roja jugó un memorable encuentro y de visitante se impuso por dos goles a cero. Los tantos fueron anotados por “El Feo” Gonzales a los 35’ del segundo tiempo y Alfredo Pacheco cuatro minutos más tarde. Chimbote se llenó de esperanza. En el choque de vuelta el Gálvez sólo necesitaba un empate para clasificar a la Gran Final de la Copa Perú en Lima, pero desafortunadamente perdió de local por uno a cero. Y es así como resultó necesario el partido de desempate con que hemos iniciado esta historia.


El triunfo galvista sobre Los Diablos Rojos de Chiclín en el estadio de la “U” lo clasificó a la gran final de la Copa Perú en Lima. Aquí se enfrentó al Melgar de Arequipa, CNI de Iquitos, Cienciano del Cuzco, Social Huando de Huaral, y el Unión Tumán de Chiclayo. Tras una sensacional campaña la franja roja ascendió al descentralizado junto a los cuadros dominó y azucarero. Fue la primera vez que un equipo de Chimbote disputó la finalísima del “Fútbol Macho”, y también por primera vez nuestro puerto iba a ser parte del campeonato profesional peruano.

Es así como Alfredo “Feo” Gonzales, el humilde pelotero de Tambo Real conocido también por la afición local con el apelativo de “Robapatos” integró el plantel galvista que durante los años 1971, 72 y 73 permaneció en la profesional y se enfrentó a la flor y nata del fútbol peruano: a la “U” de Chumpitaz y “Cachito Ramirez”, al Alianza del “Nene” Cubillas y “Pitín” Zegarra, al Cristal de Ramón Miflin y Alberto Gallardo, al Defensor Lima de los argentinos Pedro Alexis Gonzales y Miguel Ángel Converti, al Municipal de “El Cholo” Sotil y “Titín” Drago, al Sport Boys de “Patrulla” Barbadillo y Walter Daga, y a otros grandes equipos y estrellas de aquella etapa considerada como La Época de Oro del fútbol peruano.


En 1974 el José Gálvez regresó a competir en la liga distrital de Chimbote. La plantilla profesional del año anterior emigró a otros elencos. En cuanto al “Feo” es conocido que algunos equipos profesionales intentaron contratarlo, al igual que el Manta FC de Ecuador con quien el Gálvez jugó partidos amistosos de ida y vuelta en 1974. Pero Alfredo Gonzales se quedó vistiendo la franja roja y con una nueva generación de jugadores capitaneados por Sergio Lara Falcón iniciaron otra etapa en la historia galvista. Volvieron a protagonizarse los memorables clásicos entre el José Gálvez y el Deportivo SIDERPERÚ. Y también encuentros con otros grandes equipos de entonces como el San Cristóbal de Moro, el Deportivo COPES de Coishco, o el América de Samanco.


Cuando Alfredo Gonzales era un adolescente de 13 ó 14 años de edad don Rómulo Ishikane Villón lo invitó a formar parte del club Juan Seminario que había fundado. Se trataba de un grupo de peloteros del barrio entrenados por don Alejandro López. Éste fue su primer equipo de fútbol y aquí jugó durante dos temporadas. Luego pasó al Santos FC, cuyo nombre y uniformes eran similares al del Rey Pelé en Brasil, el cuadro era entrenado por don Humberto “Bolero” Mejía y participaba en campeonatos interbarrrios e interhaciendas de Tambo Real.


En 1962, a los diecisiete años de edad, debutó en la Primera División de Chimbote integrando el Defensor Bolívar. Vistió la casaquilla del equipo albo durante cinco  temporadas. Aquí tuvo como entrenador a don Juan Dávila, y alternó con el “Arquero Palma” Manfredo Olivera Palma, los hermanos Urdániga, Alejandro “Cholo” de los Santos, Guillermo “Guille” Torres, Ángel “Chupete” Cruzado, Víctor “Cañigua” Martínez, etc. Paralelamente, “El Feo” siguió jugando por el Santos FC de su adolescencia hasta 1969.


Por entonces destacaban en Chimbote los equipos Manuel Rivera, José Gálvez (nombre nuevo del cuadro anterior a partir de 1963), Strong Boys, América de Samanco, Lolo Fernández, Unión Juventud, Sport Pilsen, Sport Marítimo, etc. Mención especial merece el Fabuloso Strong Boys, escuadra que dominó el primer lustro de la década sesenta y campeonó durante cinco años consecutivos, desde 1961 hasta 1965.


En 1967, don Manuel Gómez Arellano, presidente del club Lolo Fernández se llevó al “Feo” Gonzales al cuadro cañonero. Su nuevo entrenador fue don Bigilberto Santana, aquí estuvo sólo una temporada durante la cual alternó con Andrés “Pito” Maza, el arquero Esteban “Chino” Maza,  Abraham Vera, Julio “Chunguito" Villanueva, Augusto “Cutico” Lobato, y Alejandro “Cholo” de los Santos (excompañero del Defensor Bolívar), entre otros grandes jugadores.


En 1968 Alfredo “Feo” Gonzales fue contratado por el Deportivo Sogesa, obteniendo también un puesto de trabajo en la empresa del acero. Tenía entonces 23 años de edad. Desde 1963 hasta 1967 había compartido su carrera deportiva con el duro trabajo de estibador. Y ahora vestía la casaquilla de uno de los grandes equipos de la historia del fútbol chimbotano. Durante dos años jugó por la escuadra siderúrgica y fue goleador del campeonato en una temporada. Aquí alternó con grandes jugadores de la época como Alejandro “Casaretto” Luces, Hipólito “Papi” Estrada, los arqueros Lurita y Oscar Contreras, José Muro, “El Doctor” Campos, Ricardo “Pelé” Carbajal, Wilder “Chino” Caballero, José Muzo, Vicente Seclén, Eugenio Zapata, "Calín" García, "Gato" Vásquez, y Ricardo "Ñato" Talledo, entre otros.

A fines de 1969 los dirigentes galvistas Eduardo Cerna y Eliseo Mochizacky lo convencieron para que firme por el José Gálvez. Y es así como inició una larga carrera de dieciséis años al servicio de El Equipo del Pueblo, la cual incluye períodos de descansos en la década ochenta como consecuencia de lesiones a la rótula y meniscos. Alfredo “Feo” Gonzales siempre defendió a la franja roja con honor, garra y calidad, retirándose del fútbol en 1986 a los cuarenta y un años de edad.


Su último partido fue frente al Estudiantes Casanovistas de Cutervo, encuentro de visita por la etapa intermedia de la Copa Perú de 1986. Ahí jugó junto a su hijo Omar Alfredo y su vecino de Tambo Real, Carlos Castro Quiroz. Tras la victoria galvista por dos goles a uno el “Feo” colgó los chimpunes. Otra satisfacción personal de aquel día fue haber tenido a don Luis Alva Yépez como su último entrenador, a quien Alfredo siempre consideró el mejor de toda su carrera deportiva.


El apelativo de “Feo” se originó cuando era niño, resulta que cuando pronunciaba su nombre “Alfredo” sonaba como “Feo”, y debido a ello sus hermanos lo empezaron a llamar así. El segundo apodo se lo puso el profesor Luis Alva Yépez cuando éste era preparador físico del Gálvez en la campaña profesional de 1971. Uno de esos días el “Profe” Alva, fiel al lenguaje colorido que lo caracterizaba, al llamar a Alfredo le dijo, “Oye, Robapatos”, y así nació la chapa. Posiblemente hacía referencia a que en la casa de los Gonzales en Tambo Real se criaban gran cantidad de aves de corral para el sustento familiar, y aquí siempre llegaban las estrellas galvistas para degustar la sazón de doña Teresa, esposa de Alfredo.  A partir de entonces, a los peloteros tamborrealinos que venían a Chimbote también les empezaron a llamar “Robapatos”.


Alfredo Gonzales fue un gran deportista. Y también una buena persona. Chimbote aún le debe un justo homenaje por su brillante página de servicios al balompié local. Para los hinchas que detrás de las alambradas del estadio lo vimos jugar siempre será un grande… ¡Vamos “Feo”! 


New Hampshire, USA
Octubre del 2023


GALERÍA DE FOTOS


FOTO 1

Alfredo “Feo” Gonzales

Estadio Nacional de Lima. 1971


FOTO 2

“El Feo” Gonzales en acción. 1972


FOTO 3

Teófilo “Nene” Cubillas y Alfredo “Feo” Gonzales. 1971


FOTO 4

Alfredo “Feo” Gonzales y Hugo “Cholo” Sotil. 1971

FOTO 5

José Gálvez FBC. Estadio “Vivero Forestal” de Chimbote. 1972

ARRIBA: “El Tio Lalo” (kinesiólogo, don Eduardo Fajardo Ciquero), Demetrio “Chimango” Mazzo, Freddy Elie, Augusto Prado, Hipólito “Papi” Estrada, Otorino Sartor, y Roberto “Tito” Elías.

ABAJO: Félix "Papocho" Rubianes, Roberto “Perro” Agüero, Alfredo “Cuchala” Larios, César Cueto, y Alfredo “Feo” Gonzales.

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viernes, septiembre 22, 2023

La Parroquia San Francisco de Asís de Chimbote


LA PARROQUIA SAN FRANCISCO DE ASÍS DE CHIMBOTE


Parroquia San Francisco de Asís de Chimbote
Año 2023

Tres sacerdotes norteamericanos y un irlandés llegaron en 1963 a Chimbote con la misión de construir una nueva parroquia. Pertenecían a la Congregación Santiago Apóstol (Missionary Society of St. James the Apostle) fundada en 1958 en la ciudad de Boston para llevar el evangelio y la fe cristiana a la gente humilde de Latinoamérica. 


Un amplio terreno polvoriento los esperaba para tal efecto en un nuevo conjunto habitacional que había empezado a nacer en 1958. Era la urbanización 21 de Abril de Chimbote. Y se levantaba sobre el antiguo campo de aterrizaje apostado a un costado de la avenida Aviación de la ciudad.


El 5 de septiembre de 1957 se había producido un dantesco incendio en el barrio El Acero. Un primus a kerosene explotó en la vivienda del morador Buenaventura Díaz, el fuego redujo a cenizas los ranchos de palos y esteras de casi todo el vecindario. El Presidente de la República, Dr. Manuel Prado Ugarteche, autorizó la reubicación de los damnificados en el campo de aterrizaje. El 21 de abril de 1958 el primer mandatario de la nación cumplía sesenta y nueve años de edad; en esa fecha llegó a nuestra ciudad para poner en marcha la producción industrial de la Planta Siderúrgica de Chimbote y la Central Hidroeléctrica de Huallanca. Ese día también colocó la primera piedra de la urbanización que, precisamente, lleva por nombre la fecha de su onomástico.


La creación de la urbanización 21 de Abril coincide en el tiempo con la del barrio Prolongación San Isidro que es el nombre original de la segunda parte de este asentamiento humano iniciado por los dirigentes barriales Julio Guzmán González, Alejandro Quevedo Acosta, Carmela Cabrera de Rodríguez, Eugenia Guevara de Ugaz, Lino Vargas Panduro, y otros más en el año 1958. Hasta ese entonces el San Isidro “Viejo” sólo comprendía la parte que empezaba en el límite con el barrio 12 de Octubre, y terminaba en la excalle Sáenz Peña (hoy avenida Perú). Y ya con la segunda parte se extendió hasta la calle Benavides, lindero actual con el pueblo joven San Francisco de Asís.


Los cuatro sacerdotes que en 1963 llegaron a la urbanización 21 de Abril para establecer la parroquia San Francisco de Asís fueron Rudolph Masciarelli (Rudy), Robert Rebert (Roberto), Peter Khan (Pedro), y Dudley Filan (Daniel). Una vez aquí se instalaron en lo que ahora son las oficinas de la iglesia, pero que en ese tiempo eran las dos casas modelo establecidas por la Junta Nacional de Vivienda para que los nuevos moradores usen como guía según quisieran construir sólo para vivienda o también para negocio.


Por otro lado, a fines del año 1964, en la Capilla del Verbo Encarnado de San Antonio, Texas el obispo Stephen Aloysius Leven ofició una ceremonia de despedida para seis monjas que habían acudido al llamado de la congregación, y en forma voluntaria viajarían a Latinoamérica para ayudar a la gente más necesitada. Este grupo venía a sumarse a la naciente parroquia San Francisco de Asís de Chimbote. Se trataba de las madres norteamericanas Charles Marie Frank (Carla María), Louis Katherine Schuler (Luisa), Mary Mark Gerken (Margaret), y Gwendolyn Grothoff (Joan), así como las mexicanas María Felicitas Villegas, y Rosalina Acosta Lozano, quienes arribaron a nuestro puerto el 19 de diciembre de aquel año.


El año 1963 empezaron a celebrarse las primeras misas en el local del Banco de Materiales que ocupaba un terreno grande cercado con alambrada y apostado donde hoy se encuentran el mercado, la comisaría y el parque de su costado. Paralelamente se construyó una capilla de esteras en parte de una amplia superficie de tierra enmarcada por la curva que dibuja la intersección de la avenida Aviación con la doble pista que divide las zonas “A” y “B” de la urbanización. 


En tanto que al otro lado de la doble vía se ubicaba La Pampa de fútbol del 21 de Abril, aquí domingo a domingo se jugaban grandes encuentros protagonizados por el Sport Zenit, Juan Joya, Estrella Roja, San Francisco de Asís, Juventud Independiente Cristiana (J.I.C.), y otros destacados equipos de la época. Este campo existió hasta mediados de 1971 en que se inició la construcción del actual colegio Santa Maria Reina. Al otro lado de la avenida Aviación, frente a la parroquia y a La Pampa de fútbol, en donde hoy se encuentra el local comunal del barrio San Isidro, por entonces, funcionó la Escuela Fiscal de Varones No 3151 bajo la dirección de don Felipe González Olivera. En 1972 este centro educativo pasó a ser parte de la Escuela No 89007, conocida en la actualidad como “Gómez”.


Poco después que en 1963 se construyera de esteras el primer ambiente físico de la parroquia San Francisco de Asís, en la explanada de tierra que había alrededor se edificó un amplio salón parroquial con paredes de ladrillos grandes ahuecados, y techo de eternit. Luego, a mediados de la misma década sesenta se empezó a erigir el gran templo que los vecinos vendrían a conocer como “El Arca”.


Este bello templo modelado a manera de un arca era de color blanco, tenía pelícanos y peces estilizados en sus paredes, una cruz de hierro que representaba al mundo se erigía imponente sobre su vértice más alto, la puerta principal tenía un diseño de rombos, y el campanario se elevaba sobre el techo de la oficina de su costado. Lamentablemente no duró mucho. El terremoto del 31 de mayo de 1970 lo destruyó. Pero su imagen pervive aún en la memoria de quienes alcanzaron a conocerlo, y a través de las pocas fotografías que capturaron su belleza.


Nací en 1960 y crecí oyendo las campanadas de la parroquia San Francisco de Asís desde mi casa ubicada en el barrio San Isidro a una cuadra del templo. Mi familia ha estado vinculada a la labor pastoral de la iglesia desde su fundación. El día viernes 29 de setiembre de 1967 mis hermanos Roger, María, Betty, Alberto, y yo fuimos bautizados teniendo como padrinos a don Luis Fernando Salcedo Tarrillo y su esposa, doña  Lucía Lucrecia Campos Sosaya. El año anterior mi hermana menor Olga fue bautizada con la presencia de los mismos padrinos.


Ahora, volviendo a las dos casas modelo donde los padres se instalaron por primera vez en 1963, debemos indicar que al año siguiente fueron acondicionadas para brindar servicios de salud a la comunidad, naciendo de esta manera el Centro Santa Clara, uno de los primeros logros de las madres de la Congregación del Verbo Encarnado. Poco después ellas lograron la adjudicación para este centro de un terreno propio con vistas a la doble pista y, con la ayuda de la Prelatura, construyeron modestos ambientes hechos de madera y eternit. Años después se edificaron las actuales instalaciones. A través del tiempo el Centro Santa Clara ha brindado servicios de posta médica, educación familiar, clases de doctrina cristiana, y acciones de servicio social en áreas rurales como La Campiña, Santo Domingo y Esperanza Baja.


El año 1966 el padre Leo Martel llegó de Norteamérica para incorporarse a la iglesia y rápidamente se ganó el cariño de la comunidad. Estuvo aquí hasta 1972 y luego regresó a su país para servir en la parroquia St. Louis de France en la ciudad de Lowell, Massachusetts. Junto al padre Leo estuvieron en nuestra iglesia durante la época del terremoto los padres  Rudolph Masciarelli (Rudy), Laurence J. Borges (Lorenzo), Mark Walsh (Marco), y William Patala (Guillermo).


Otros sacerdotes que también sirvieron a la parroquia durante los años inmediatos anteriores o posteriores al terremoto de 1970 fueron Matt Cirilli (Mateo), Jack Price, Joe McCarthy, Jim Cashin (Jaime), Pat Cannon (Patricio), y John Ahern. Igualmente, corresponden a este período la madre Esther Chávez encargada de las clases de religión, la madre enfermera Emma Hernández, y la madre Peter quien tuvo entre otras funciones todo lo relacionado a los acólitos y la sacristía.


De los años tempranos de la iglesia también debemos mencionar las kermeses danzant que se realizaban con la finalidad de recaudar fondos. Fueron todo un acontecimiento social en la comunidad. Se organizaban tómbolas, kinkanas (gincanas o yincanas, según recomienda la RAE en la actualidad), rifas, consumo de viandas y refrescos, y también concursos de bailes en donde alguna vez participaron eximios bailarines como Erasmo Encinas Malarín, Freddy Alva Rodríguez y otros jóvenes de aquellos tiempos. Por entonces mi papá tenía una tienda de abarrotes y era distribuidor de gaseosas. Los sacerdotes hacían sus pedidos, y nosotros llevábamos lo requerido en triciclos. Al día siguiente recolectábamos los envases vacíos esparcidos en los diferentes edificios y salones del complejo parroquial. Así desde niño me familiaricé con todos sus ambientes como si fueran la palma de mi mano.


Desde la fundación de la parroquia los sacerdotes fomentaron la creación de clubes que permitieran el crecimiento y nexo de la iglesia dentro de la comunidad. De esta manera nació el primero al que se le denominó “Los Caballeros de San Francisco de Asís”. Estuvo presidido por don Fausto Berrospi Martell, y contó con la asesoría del padre Rudolph Masciarelli.


Entre los años 1965 y 1966 se fundó la Cooperativa San Francisco de Asís. Inicialmente funcionó en un ambiente anexo a la parroquia y a sus asociados se les brindaba charlas en el salón parroquial. Entre 1967 y 1968 la cooperativa se mudó a un nuevo local adquirido para el funcionamiento de todos sus servicios, el mismo que se ubicó en la Manzana 2, Lote 13 de la zona “B” del 21 de Abril. Su presidente fue el mismo vecino Fausto Berrospi ya referido.


Igualmente, la madre Rosalina fundó “La Sagrada Familia”, una agrupación de laicas encargadas de organizar actividades de tipo social, visitando hogares y a los enfermos, e invitando a los vecinos a sumarse a la labor pastoral de la iglesia. Y se creó también “La Legión de María”, grupo orientado principalmente a promover la participación de la juventud tanto en la parroquia como en la comunidad.


Entre los años 1966 y 1967, gracias a la iniciativa del padre Rudy y la madre Luisa, se organizó la Juventud Independiente Cristiana, conocida por sus siglas J.I.C. Su primer presidente fue Wilson Toribio “Tori” Sagástegui Lozada, y tuvo como sede social a uno de los salones contiguos al templo. Este club realizaba tareas de superación personal y de proyección social. Hacían teatro tanto en la parroquia como en otras partes de la ciudad, y formaron un equipo de fútbol que por aquellos tiempos fue uno de los mejores de la zona.


Los hermanos Hugo y César Acuña Lecca, fundadores de Los Pasteles Verdes de Chimbote tienen una historia que los vincula con la parroquia San Francisco de Asís. Es conocido que el primer disco de vinilo grabado por esta agrupación se produjo en octubre de 1973, con la cumbia “Puertos Queridos” en el lado “A”, y la balada “Angelitos Negros” en el “B”. A estas canciones siguieron “Reloj”, “Recuerdos de una Noche” y una larga cadena de éxitos, discos de oro, y reconocimientos. Era la década setenta, época de oro de la música en Chimbote. Los Rumbaney, Los Fantásticos, Marco Merry y sus Golfos, Los Caribeños triunfaban a nivel nacional. Y los Pasteles Verdes a escala internacional. El título “Chimbote Capital de la Música” ascendía al tiempo que el otrora galardón “Chimbote Primer Puerto Pesquero del Mundo” descendía en el horizonte.


Los hermanos Acuña Lecca comenzaron a frecuentar la parroquia San Francisco de Asís en 1968. César, el tecladista, había terminado la secundaria en el colegio San Pedro en 1966 y Hugo, el guitarrista, cursaba el cuarto año en el mismo plantel. Eran de la urbanización El Carmen y por entonces en esa zona todavía no había una iglesia católica. Esta situación cambió en octubre de 1969 cuando llegó a El Carmen el padre Miguel Company Bilbao y en un local provisional fundó la parroquia San Pablo. Y luego, en 1971, el mismo sacerdote junto a un grupo de fieles construyeron la recordada iglesia de madera que existió a un costado de la pista principal. De tal suerte que los talentosos hermanos participaron de La Legión de María, retiros, misas, y practicaron con cada instrumento musical que hallaron a su paso por la parroquia San Francisco de Asís. Poco tiempo después ya estuvieron listos para crear el grupo The Jeekstones, al cual más adelante lo rebautizaron como Los Benkers. Con el correr de los primeros años de la década setenta el conjunto cambió de nombre otra vez y se consolidó con la llegada de nuevos integrantes. Había llegado la hora grande de Los Pasteles Verdes de Chimbote.


Otros recuerdos de la parroquia también asociados a nuestra niñez son los famosos “capillos” que acontecían al final de las misas de bautizo. Terminada la ceremonia los chicos esperábamos a la salida de la iglesia cerca de las dos grandes piedras que había al costado del templo. Entonces gritábamos “¡Padrino, capillo… capillo!, y éste lanzaba al aire un puñado de monedas. Usualmente eran de 5 centavos (medio), 10 centavos (real), 20 centavos (peseta) y 25 centavos. Nos tirábamos al suelo para recoger el bendito “capillo”. Cuando sólo eran monedas chicas decíamos que era “puro ripio”, pero a veces podíamos encontrar hasta medio sol. Otra costumbre de la época que, igualmente, podemos evocar aquí se vincula con los matrimonios religiosos: una vez concluido el servicio, familiares y amigos de los novios los aguardaban afuera de la puerta del templo para echarles arroz, era una tradición que simbolizaba felicidad y buenaventura para los recién casados.


Poco después del terremoto de 1970 se fundó también el club JOTA (Juventud Optimista Temeraria Activa). Hugo Zegarra Tuesta fue elegido su primer presidente. Las actividades del grupo se desarrollaron en un local espacioso construido luego del sismo con paredes de planchas de eternit dispuestas en forma vertical y techo del mismo material. Este ambiente estuvo ubicado al extremo opuesto del complejo parroquial, cerca de la casa de las madres y frente a la doble pista. Para recaudar fondos se organizaban fiestas juveniles, las cuales coincidieron con un tiempo en que las baladas empezaban a bailarse “pegaditas” y ya no con el brazo extendido como en los boleros.


Guardo nítido en la memoria aquel día de 1970 en que se demolió El Arca. Sucedió algunos meses después del terremoto. El movimiento telúrico había dañado sus estructuras. Las paredes se separaron en sus puntos de conexión pero se mantuvieron de pie, en tanto que el techo de eternit colapsó. Una grúa gigante llegó para traerla abajo. En el punto más alto de la pesada máquina un cable sostenía un pilón de hierro que tenía el tamaño y forma de aquellas botellas grandes de oxígeno y acetileno que se usan en la soldadura autógena. A cierta distancia las personas que estábamos en primera fila formamos un cordón humano para evitar accidentes. A nuestra espalda se aglomeró una muchedumbre. Y al frente, en el espacio formado por la doble pista, el maquinista procedió a golpear las paredes de El Arca una y otra vez, hasta que la gran pared principal se derrumbó. Toda la iglesia fue demolida. De aquel bello templo sólo quedaron escombros.


Pero la iglesia nunca dejó de tener una casa. Poco después del sismo del 31 de mayo de 1970 se construyó en la calle frente a las oficinas administrativas un local sencillo y transitorio, utilizándose para tal efecto maderas y planchas de eternit recuperadas del techo del templo anterior. Este local provisional estuvo en funciones cuando sucedió la inundación del río Lacramarca que golpeó duramente a Chimbote en marzo de 1972. El jirón Balta y la avenida Aviación quedaron sumergidos y un cinturón de agua rodeó por completo a la urbanización 21 de Abril aislándola del resto de la ciudad. Fue una tragedia que asoló a la población cuando Chimbote aún no se recuperaba del terremoto ocurrido menos de dos años atrás.


Tiempo después las misas comenzaron a celebrarse en el salón parroquial. Por su parte el padre Rudolph Masciarelli (Rudy) fue traslado a la iglesia San Martín de Porras del barrio Miraflores Alto. En tanto que las madres Luisa Schueler y Emma Hernández crearon el Centro de Educación Familiar, conocido también como “Las Cunas”, a fin de atender a niños con severa deshidratación.


Dos hechos de gran importancia en la cronología de la parroquia San Francisco de Asís ocurrieron entre los años 1975 y 1976. Y ambos acontecimientos marcan también el final de este relato que trata, principalmente, del origen y la historia temprana de la iglesia.


En el mismo lugar donde años atrás existió “El Arca”, el padre Jim Cashin (Jaime) logró hacer realidad la construcción de la actual parroquia durante el bienio 1975-1976, llegando a su fin así un período de seis años de misas oficiadas en locales transitorios. La joven vecina Elsa Vargas Morales contrajo matrimonio el 31 de diciembre de 1976 en la edificación de reciente inauguración. El nuevo templo prolonga el sueño visionario de su fundador, Reverendo Padre Rudolph Masciarelli (Rudy), y es el faro que guía a la comunidad cristiana bajo su jurisdicción. 


Ahora, regresemos unos años atrás en el tiempo. En 1971 llegó a Chimbote un joven sacerdote norteamericano de 27 años de edad. Había escuchado sobre el terrible terremoto del 31 de mayo de 1970 y quería conocer la situación de la ciudad y su población. Luego, conmovido con lo que había visto, regresó a su parroquia Natividad en la ciudad de Fargo del estado de Dakota del Norte. Tres años más tarde, en octubre de 1974, regresó al Perú nuevamente, y esta vez para quedarse. Tras su llegada a Lima recibió durante cuatro meses clases intensivas de español. Y a continuación se hizo cargo de la parroquia Cristo Rey del barrio Villa María de Chimbote por espacio de un año.


El primero de abril de 1976 llegó a la parroquia San Francisco de Asís de la urbanización 21 de Abril donde se unió al trabajo de los padres Jim Cashin (Jaime) y Bill Patala (Guillermo). El nombre del nuevo sacerdote era John E. Davis, conocido en su tierra como Father Jack Davis, pero en la urbanización 21 de Abril y en todo Chimbote la gente simplemente lo llamó “Padre Juanito”.


Sirvió a esta comunidad durante diez años y, luego, a partir de 1986 se hizo cargo de la iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro del barrio La Victoria por los siguientes veintisiete años. La década completa que estuvo en el 21 de Abril significó un nuevo tiempo para la parroquia. La iglesia se revitalizó con gente joven, se acercó más a la comunidad, y sirvió mejor a los pobres. Un aire fresco se dejó sentir en la labor pastoral. Con su llegada concluyó un capítulo y otro nuevo empezó a escribirse en la biografía de la parroquia San Francisco de Asís.


Crecí oyendo las campanadas de la iglesia durante el día, al igual que a las olas del mar de Chimbote por las noches. Ambos sonidos persisten conmigo a pesar de la ausencia. Dejo aquí estas líneas a manera de gratitud.


New Hampshire, USA
Septiembre, 2023



GALERÍA DE FOTOS


FOTO 1

Parroquia San Francisco de Asís de Chimbote. Año 2023.


FOTO 2

Templo conocido como “El Arca”, imagen captada antes del terremoto del 31 de mayo de 1970.


FOTO 3

Ceremonia de Despedida en la Capilla del Verbo Encarnado en San Antonio, Texas a cargo del obispo Stephen Aloysius Leven para las seis monjas voluntarias que venían a Chimbote. Ellas son María Felícitas Villegas, Louis (Luisa) Katherine Schuler, Mark (Margaret) Gerken, Gwendolyn (Joan) Grothoff, Rosalina Acosta Lozano, y Charles María (Carla María) Frank. Año 1964.


FOTO 4

Las seis monjas a punto de emprender vuelo. Venían a la parroquia San Francisco de Asís y a fundar el Centro Santa Clara. Año 1964. 


FOTO 5

Madres María Felicitas Villegas, Louis (Luisa) Katherine Schuler, Mary Mark (Margaret) Gerken, Gwendolyn (Joan) Grothoff, Charles Marie (Carla María) Frank, y Rosalina Acosta Lozano. Chimbote, década sesenta.


FOTO 6

Madres Charles Marie (Carla María) Frank, María Felicitas Villegas, Louis (Luisa) Katherine Schuler, Mary Mark (Margaret) Gerken, Gwendolyn (Joan) Grothoff, y Rosalina Acosta Lozano. Chimbote, década sesenta.


FOTO 7

Ceremonia de colocación  de la Primera Piedra del colegio Santa Maria Reina en La Pampa de fútbol de la Urbanización 21 de Abril. Al fondo se aprecia el Salón Parroquial, el campanario, y el templo conocido como “El Arca”. Año 1970, antes del terremoto.


FOTO 8

Integrantes del club Juventud Independiente Cristiana (JIC) posan en La Pampa de fútbol de la Urbanización 21 de Abril. Al fondo se aprecia el templo conocido como “El Arca”. Año 1968. (Créditos: Wilson Pereda López).


FOTO 9

Operativo de limpieza en la Urbanización 21 de Abril. Funcionarios, policías y obreros de la Municipalidad Provincial del Santa aparecen en la imagen. Al fondo se aprecia el Salón Parroquial, el campanario, y el templo conocido como “El Arca”. Año 1969, aproximadamente.


FOTO 10

Altar del templo conocido como “El Arca”. Navidad de 1969. (Créditos: Wilson Pereda López).


FOTO 11

Acólito Julio Pisfil Reque posa frente a la puerta principal del templo conocido como “El Arca”. Año 1966. (Créditos: Julio Pisfil Reque).


FOTO 12

Grupo de estudiantes frente al Centro Santa Clara de las Madres del Verbo Encarnado. Fines de la década sesenta.


FOTO 13

La madre Luisa aparece junto a tres monjas en el convento de las madres. Arriba en el fondo hacia la derecha se deja ver la cruz del templo conocido como “El Arca”. Enero de 1967. (Créditos: Wilson Pereda López).


FOTO 14

El padre Rudy Masciarelli aparece en la imagen con las madres María de Belén Palacios, Mary Magdalen Cross, y Consuelo Urrutia (Mary Peter). Playa Besique. Abril de 1970.


FOTO 15

Placa recordatoria colocada en una de las paredes del actual templo. Indica el bienio 1975-1976 de la construcción y la relación completa del personal que participó en el proyecto.

 


NOTA:

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