sábado, enero 14, 2012

EL TÍO LUCIO Y EL VIVERO FORESTAL DE CHIMBOTE


EL TÍO LUCIO Y EL VIVERO FORESTAL 

DE CHIMBOTE
A
El Tío Lucio
Vivero Forestal, 1969 Fernando, Alberto y Eduardo 
Quevedo (Adelante: primo Walter Serrano) 
Hay un lugar en Chimbote, Perú que guarda las mejores horas de diversión de mi temprana edad. Entre sus árboles todavía resuenan las alegrías de mi niñez y rondan imágenes de mis primeras citas de amor durante mi adolescencia.
Chimbote, entonces, no tenía parques, abundaban las calles polvorientas, y apenas había cuatro monumentos en toda la ciudad. Pero este lugar especial, el Vivero Forestal, fue nuestra isla de la fantasía.
Recuerdo su piscina olímpica, el trencito que atravesaba las tres regiones naturales, la laguna con sus botes y un fuerte al estilo Far West con cañones de artillería. También el asnódromo con unos burros que sabían cuando parar (...y no había manera de hacerles trampa!), la canchita de golf, los juegos mecánicos, y los campos de fulbito donde al final de un partidazo podías refrescarte en los riachuelos que emanaban de la laguna. Y los viernes por la noche escuchábamos a Marco Merry y su Golfos tocar el éxito Una Noche en Los Pinos en el restaurante del mismo nombre.
Junto a estos recuerdos tengo otro: la imagen de un empleado en particular. Lo llamábamos el Tío Lucio y era una suerte de duende invisible que con discreta devoción preservaba nuestro Vivero. Los niños y adolescentes de entonces hoy somos ya mayores, el Tío Lucio incluso mucho mayor...y lleva sesenta años cuidando este lugar!
Fermín Lucio de la Cruz (El Tío Lucio)
El Tío Lucio, don Fermín Lucio de la Cruz, nació en Sihuas, Ancash en 1933, a los diez años de edad perdió a su padre y se hizo cargo de su familia. A los quince emigró a Chimbote, y trabajó como pescador y carpintero. Dos años más tarde ingresó a trabajar a la Corporación Peruana del Santa y es asignado al Vivero Forestal. Gracias a su buen comportamiento fue enviado por un año a trabajar a Huallanca y regresó al Vivero como Técnico de mantenimiento.
Eran tiempos en que el Vivero era sólo un bosque. Él trazó rutas para el riego e hizo acequias para utilizar el agua de la existente laguna en el regado de los árboles.  Hay un momento crucial en la historia de este lugar, el Tío Lucio nos la cuenta personalmente:
“Un día vino la plana mayor de Lima a almorzar en medio de los pinares; el gerente general de la Corporación era Jorge Sarmiento y administraba el Vivero don Andrés Pinto, yo pedí la construcción de una piscina, ellos sonrieron, pero un año después aprobaron el presupuesto y se inició dicha construcción, así nació el Centro Recreacional”.
Entre sus primeros compañeros de trabajo recuerda a Aniceto Acevedo, Ramiro Robatty y Segundo Sagástegui.  De esa época recuerda como sus mejores amigos a Arístides y a Morales. Y añade lo siguiente: “Quiero recordar a todos los administradores del Vivero, Antonio Gómez, Andrés Pinto, el Sr. Vidal, Carlos Fonseca, Víctor Mercado, Francisco González, Jaime Mercado, Julio Manrique y Glicerio Reaño, a todos ellos mi gratitud, cada uno a su manera, puso el hombro para mejorar las instalaciones”.
Inicialmente el Tío Lucio sólo tuvo estudios primarios. Tiempo después siguió sus estudios secundarios terminándolos en 1977, el mismo año en que su hijo mayor concluyó los suyos, luego haría un curso de contador mercantil. En los años ‘80s formó parte del Sindicato de Obreros de Siderperú, y también llegó a ser Supervisor de su querido Vivero Forestal.
El Tío Lucio y el Vivero Forestal de Chimbote
En su juventud desafía las leyes sociales de la época y se enamora de doña Natividad Roque, una bella dama de sociedad. Los jóvenes enamorados perseveran en su cariño y se casan. A la fecha llevan 52 años de unión conyugal. De este matrimonio ejemplar nacieron cuatro hijos: Rolando, Jesús, Consuelo y Guillermo, todos profesionales y personas respetadas dentro de la comunidad.
Chimbote tiene la necesidad de preservar su historia y afianzar su identidad. A través de los años un conjunto de colectivos y personas han contribuido con su desarrollo. Muchas de estas personas son anónimos personajes que con su trabajo humilde y abnegado han demarcado la impronta de nuestra identidad. Y Chimbote aún les debe un reconocimiento. 
Con las palabras del oficio religioso, diré aquí. En verdad es justo y necesario que don Fermín Lucio de la Cruz, El Tío Lucio, reciba en vida un homenaje por sus sesenta años al cuidado de nuestro Vivero Forestal.
Mensaje personal para el Tío Lucio: Muchas gracias por su página de servicios... y ya que le escribo, le pido lo siguiente: en el Vivero hay unos árboles donde en mi adolescencia inscribí un corazón con la flecha de Cupido y una “E” y otra letra más. Por favor, asegúrese que los árboles estén bien y que el candor de la inocencia nunca se extinga. Gracias otra vez!
Nota final: Mi agradecimiento a la familia Lucio por su valiosa ayuda con el presente escrito. 
New Hampshire, USA
Enero, 2012
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